Primero “yo”, segundo “yo” y tercero “yo”.

Entre el “Usted no sabe quién soy yo!” desembuchado por un ‘borracho’ de estrato 6 para intimidar, y el “yo gano más que usted” de una trabajadora subsidiada de estrato bajo para humillar, y también el “con lo que yo me gano, le tanqueo el carro y mantengo a su mujer y familia” por un funcionario de estrato 3 para amedrentar, la única diferencia es el estrato social de quienes ignominiosamente las lanzaron como dardos venenosos contra sus receptores.

Por otra parte, el factor común más evidente lo encontramos en el “yo”. En cada una de las sentencias aparece esta palabra sin importar su posición; ya sea al inicio, intermedio o final de la frase, el “yo” brilla por su insipidez. El egocentrismo no respeta posición, tanto en las frases expuestas como en los estratos sociales, allí aparece mostrando sus dientes, recordándonos que vivimos en una sociedad vacía cada vez que negamos al “otro”.

Señor Jesús, ayúdanos a verte resucitado en el “otro” y permítenos ponernos al servicio tuyo a través de la atención a tu creación. Amén.

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